Santa Fe Música & Letra

La Agrupación “La Vuelta del Paraguayo”

 Allá por el año 1918, cuando desde sus instalaciones del Quillá, el Club de Regatas Santa Fe inició su traslado hacia el sitio en que se encuentra actualmente emplazado, sus embarcaciones empezaron a merodear por todos los lugares bañados por los espejos de agua de aquella hermosa zona.

 De aquellos lugares de descanso o de solaz de los noveles o veteranos argonautas de la entidad precitada, que con el traslado habían acrecido en forma muy visible su presencia en aquella zona, se llevaba la preferencia la islita de Crespo y sus aledaños, por su hermosa arboleda, por la tranquilidad de sus parajes y quizás en mayor grado, por las franquicias que les brindaban sus bondadosos ocupantes.

  Esta islita de forma triangular, está ubicada a un kilómetro más o menos hacia el este del Club de Regatas Santa Fe y está contorneada por sus tres lados por dos brazos del riacho Santa Fe, uno de ellos artificial. Antes de la construcción del puerto de ultramar de esta ciudad, esta islita no era tal, sino que formaba parte de la fracción de tierra situada al frente de su costado norte, o sea por donde pasa ahora el camino que conduce a Rincón, Santa Rosa, Cayastá, etc., de la que se la separó mediante la construcción de un canal.

 En aquel entonces, la línea de navegación a Santa Fe, en aquel paraje, contorneaba la isla por dos de sus lados, el suroeste y el este, y en el vértice de ellos existía una curva tan pronunciada, que era la constante preocupación de los capitanes de los barcos que la surcaban, en especial viniendo aguas abajo, siendo la causal de más de un serio siniestro, entre ellos el del buque “El Paraguayo”, que al no poder tomarla con la precisión requerida, se fue “por ojo” en tan temible curva.

  Este naufragio que ocasionó la pérdida total del buque mencionado, dio origen al nombre de aquella curva y desde aquél entonces dieron en denominarla “La vuelta del Paraguayo”.

 Sin duda alguna, que las autoridades competentes compenetradas de tal situación y con el fin de evitar otros desastres y por ende el embotellamiento del puerto local, puesto que era su única vía de acceso regularmente navegable, autorizaron la apertura de un canal que, al evitar tan peligroso paso, dio origen a la formación de la islita que mencionamos precedentemente.

 Ahora bien, en el preciso lugar donde naufragó “El Paraguayo”, del cual no quedó más que la leyenda del suceso, existía una pequeña explanada rodeada de frondosos árboles típicos de la región, en cuya margen del albardón respectivo serpenteaba un pequeño arroyuela, “El Coquimbo”, que a su vez desembocaba en aquel sitio y que por lo favorecido de su belleza y bienestar, era asiduamente frecuentado para descanso de sus excursiones náuticas, por un grupo de asociados del Club de Regatas, de cuyos iniciadores aún recordamos a Benito Durán, Elís Hadad, Max Micheli, R. Ives Morvan, Domingo J. Pallavidini, Augusto E. Hirsch, Antonio Gallo, Daniel Sólito y Marcelo Mangiaterra.

 Estos excursionistas entre mateadas ribeteadas con sabrosas anécdotas, cuentos o chistes de oportunidad, complementaban su circunstancial estada con algunas demostraciones futbolísticas, quizás rememorando mejores épocas y aunque parezca paradojal, al igual que los canillitas o los chicos de barrios, las tenidas eran a pura pelota de trapo y no porque no se pudiera hacerlo con la verdadera de fútbol sino que el exceso de árboles y la proximidad del agua la hacía impropia para la finalidad deseada.

 Como este conjunto se iba engrosando domingo tras domingo, atraídos por la familiaridad con que se acogía a los nuevos incorporados y ante la imposibilidad de realizar algunos partidos con equipos más completos, se empezó la búsqueda de algún otro lugar en que se pudiera emplazar una cancha de dimensiones mayores y entre mudanzas y éxodos, algunas veces obligados por incomprensión de algún propietario exigente, se llegó a la islita Crespo con un conjunto numeroso de asociados, llevando como bagaje el nombre “La vuelta del Paraguayo”, para la agrupación y para la islita y dos arcos construidos con tirantes de madera, para sus puntales y caños de hierro, para sus travesaños, restos del desgraciado siniestro que sufriera el Club de Regatas en el año 1925.

 Ya en este lugar, o sea en el mismo en que se encuentra emplazada la cancha que existe actualmente, se realizaron interesantes partidos de fútbol, algunos de ellos de gran importancia y tenazmente disputados, para lo cual previamente hubo que disponer el uso único de zapatillas o alpargatas, a fin de evitar los “excesos de entusiasmo”.

 La creciente del año 1929 y a continuación la del año 1930, desmembró aquella agrupación, pasada la cual Santiago Scarafía, capitaneando otro grupo de asociados del Club de Regatas, “heredó” aquellos bienes conservando la misma denominación de la agrupación anterior, llevando a la “Vuelta del Paraguayo” en la forma brillante y gloriosa con que se le admira actualmente en la ciudad y también fuera de ella.

 

                                                                                                                                                    Dehjo Tahpe

 

 Luis Zunino, Ramón Robert, Santiago Scaraffía, Francisco Scaraffía, Angel D. Bonomo, Victorio Gargatagli, Mariano Dichino, Carlos Canteros, Sixto Canteros. Quien conozca a estas personas sabe con certeza que son los principales animadores de la agrupación “Vuelta del Paraguayo”, especie de tribus cuyas actividades se alternan diariamente entre la diversión que supone una vida al aire libre con las consiguientes “comilonas” y “chopeteadas” y la tarea seria que significa una acción social en beneficio de un grupo de niños que viven en la pobreza o en la indigencia.

 Efectivamente; así es esta agrupación de hombres animosos y optimistas que por su propia cuenta realizaron un censo por distintos lugares de las islas y ante la comprobación de que la mayoría de los niños que habitaban en ellas, no recibían ninguna instrucción escolar, gestionaron ante las autoridades, la creación de una escuela. El 22 de agosto de 1942, el Dr. Ruhlemann, presidente del entonces Consejo de Educación fundó la escuelita que lleva el nombre “Mateo Booz” y que funciona en un solar lindero con el de la agrupación.

 Si esto fuera poco para definir con precisos trazos la inquietud espiritual que estos hombres sienten por esa niñez humilde, agregaremos que fueron ellos los que crearon un comedor infantil que funciona en sus instalaciones y al que diariamente concurren alrededor de 60 niños que llegan a la “Vuelta” en distintos medios de locomoción: a pie, en canoa o a caballo.

 Este comedor funciona organizado por el Ministerio de Salud Pública de la Provincia y la agrupación actúa como cooperadora. Dos asistentes sociales atienden a los niños desde el momento de la llegada hasta el de la partida, acompañando luego a los que deben cruzar el riacho en canoa para regresar a sus hogares.

 El único socio honorario de la agrupación es René Pontoni, debiendo recordarse al respecto que su contribución a la fundación de la escuela y el comedor fue de gran importancia, ya que fue él quien organizó un partido de de beneficio que se llevó a cabo en cancha de Unión con la participación de la mayoría de los futbolistas que habían actuado en el campeonato sudamericano de Guayaquil y en el que Argentina obtuviera el título de campeón.

 

EL LITORAL, Domingo 27 de Febrero de 1955.

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